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La Floresta, un barrio de colores y vanguardia en la bella Quito

Si queremos descubrir un Quito mucho más genuino, creativo y colorido, debemos visitar La Floresta, que en sus cien años de existencia congrega un sin fin de manifestaciones culturales, desde disfrutar una película de Federico Fellini hasta admirar un mural multicolorido en cualquier pared de la zona.

Nos alejamos de las sublimes fachadas del centro colonial o del bullicio rosa de La Mariscal, para adentrarnos en un barrio que guarda un ambiente residencial, pero que asombrosamente luce contemporáneo, vanguardista, sin perder su identidad, donde es posible ver al zapatero convivir con el estudiante de cine, entre diseños rocambolescos y una clínica de bicicletas. Me interno en un barrio icono de esta ciudad que siempre tiene algo nuevo que mostrarnos.

 

El Soho de Quito

 

“La Floresta debe ser un área de interés turístico concebido como un centro cultural, artístico y de vanguardia en Quito”, dice Andrés Torres, administrador de La Platea, quien con sus socios, tuvieron la idea de crear un espacio que convoque a varios food truck entre diseños audaces, expresiones musicales, ferias orgánicas y exposiciones plásticas.

 

Andrés, no duda en decir, que La Floresta fue un barrio aristocrático donde convivían filósofos, historiadores y pensadores, pero que estos a su vez tuvieron hijos que se inclinaron más por las artes, combinando el concepto de barrio residencial y la creación de movimientos culturales.

 

“Esta zona debe funcionar como un soho de Nueva York o Buenos Aires”, menciona el joven quiteño, quien tiene razón, porque en La Platea se experimenta la cultura viva. No hay mesas, ni sillas comunes. Los diseños se vinculan más con la movida hipster y alternativa de la ciudad. La gastronomía es tan variada que va desde la típica hamburguesa pasando por un menú libanes. El frío de Quito es aplacado por un vino caliente o la banda de turno que se pelea con el amplificador y el micrófono, mientras desde los nueve emprendimientos de comida que pueblan el lugar cantan los nombre de los comensales.

 

Si visitas La Platea, debes ir bien abrigado, ya que a La Floresta en 1930 le llamaban “el pequeño Londres”, debido a que la neblina cubría de blanco el barrio, tal vez ya no existe la mezcla de aires para producir este fenómeno, pero el frío si persiste.

 

La mixtura entre la gestión cultural y la buena gastronomía es un denominador común en La Floresta, admirar una banda en vivo mientras devoras un delicioso brownie, es posible en La Cafetina.

 

Pilar Caseres, dueña del lugar, nos describe que su espacio alberga nuevas iniciativas y propuesta. Una feria de diseño independiente o un taller de ilustración, pasando por una obra de teatro o generando debates encuentras en ese lugar. Pero ella admite sin recelo que su locro de queso con aguacate rebasa cualquier expectativa, y nos cuenta en secreto que es realizado por una manaba de nombre Rosita.

 

Pilar explica que su local lleva 5 años de vida y no han dejado de lado la gestión cultural, es así que  afinan detalles para la presentación de una nueva agrupación llamada Milato, mezcla de rap, rock, punk y música latinoamericana.

 

Para Doménica Zapata, vocalista de Milato, La Cafetina constituye un sitio que da y recibe, por un lado permiten promocionar su obra musical, y por el otro publicita el lugar. Además, Doménica creció en La Floresta, recuerda con alegría que sus padres y vecinos hablaban con orgullo de un barrio cultural. “Siempre fue así desde las procesiones de la virgen hasta crear acciones vinculadas a la política”, señala.

 

Bici, pizza y cerveza…

 

El uso de la bicicleta dejó de ser una moda, para proyectarse como una contra cultura. Pedalear en Quito muchas veces es un acto subversivo, entre miles de autos aportar a mantener un aire más puro es ir contra corriente.

 

¿Te imaginas un lugar donde albergue a estos guerreros de dos ruedas, y además les proporcione buena cerveza y pizza? En el 2010, a José Solís, le rondo la idea de crear un sitio para los amantes de las bicis. La propuesta nace porque los ciclistas no tenían donde dejar su medio de transporte cuando visitaban un bar.

 

La Cleta funciona hace 7 años en La Floresta. José indica que escogieron este sector porque guarda la esencia de barrio, “aquí todavía se tratan de vecinos, saludas con la señora que vende las legumbres o las empanadas, es diferentes a la dinámica que manejan los modernos conjuntos habitacionales, donde nadie se conoce”, dice.

 

Aclara que a pesar de existir cierta resistencia por algunos vecinos, se van abriendo paso con festivales que incluyen proyección de películas, juegos, ginkanas, escuela de bici para niños, mecánica de bicicletas, actividades que unen a las familias del sector. El mes pasado realizaron un “pedalea La Floresta”, donde se unió la sala de cine Ocho y Medio con un festival sobre ciclismo, y se articularon al ciclopaseo que organiza el municipio.

 

Además, José con orgullo nos indica que su bar consta en la lista de Lonely Planet y en una guía de turismo alemana. “Es chévere que ciclistas de otros países con el cuadernito en mano estén buscando el sitio, sobre todo los holandeses que son un referente del ciclismo urbano”.

 

Los beneficios de vivir en La Floresta

 

Comenzar a enumerar emprendimientos culturales en La Floresta, da un gusto, porque ahora podríamos decir que son más de 50, así lo afirma Stalin Vilatuña, administrador del centro cultural Casa Toledo, quien nos habla del Colectivo Cultural que aglutina negocios de este tipo, los cuales incluye manifestaciones culturales autogestionadas que se producen en el barrio, y que realizan actividades vinculadas a la economía local, al arte, al diseño, la música, las artesanías y la gastronomía. Menciona que Mariana Andrade, de Ocho y Medio, fue la mentalizadora del proyecto.

 

“Es un barrio que posee una variedad de artes concentrada en un espacio tan pequeño, pero tan rico y diverso. Aquí puedes encontrar talleres de serigrafía, salas de cine, institutos de diseño o artes cinematográficas, galerías y hasta  restaurantes veganos”, asiente Stalin.

 

Semanalmente, Casa Toledo presenta obras de teatro y posee una cafetería con un menú variado. También ofrece clases de capoeira, piano o violín. “Nosotros fomentamos el arte no como una manera de vender boletos o sacar réditos para el negocio, apostamos por transmitir un mensaje social de forma lúdica mediante el arte”. Es así que tienen tarifa preferencial para los vecinos del sector, es decir, si eres de La Floresta, ya tienes beneficios.

 

Stalin menciona que es una manera de convivir con los vecinos del barrio, que se integren a sus propuestas y que  sientan que es un lugar diferente donde lo que más resalta son los temas de arte y cultura.

 

Con identidad de artista

 

Por la calle Lugo es común ver a jóvenes despeinados con sombreros chaplinescos, pantalones coloridos y converse rojos, que sueñan con cambiar la historia cinematográfica del país, por eso acuden al Incine, un instituto donde te enseñan hacer películas. La acera se llena de muchachos que en sus cabezas traen miles de encuadres y ángulos combinados con historias que deben ser plasmadas en la gran pantalla.

 

Para Hugo Godoy, productor de cine y televisión, que el Incine se ubique en La Floresta es extraordinario, porque es el lugar donde puedes crear y emprender, “es bonito caminar y encontrarse con un mural perfecto lleno de mariposas, tucanes y papagayos, y al virar la esquina observar un cubo en forma de macetero pintado con el rostro de la Princesa Leia de Star War”, afirma.

 

Godoy no para de hablar, con emoción cuenta que solo allí puedes encontrar un bar para ciclista, y que en ese mismo sitio, una holandesa y una francesa hablan en inglés sobre algún estudio sociológico en Quito, que empezaron a trabajar en este barrio.

 

El cineasta menciona que es un lugar donde persiste la identidad, se reafirma la memoria y se construye un espacio para generar cultura. “Es el punto para afirmar lo que somos, nuestras formas de expresarnos, nuestra apariencia propia, que debe ser conservada y cuidada por las nuevas generaciones”.

 

Y sin corazón nadie puede vivir

 

Caminamos por la calle Valladolid y nos encontramos con el corazón de La Floresta, la sala de cine Ocho y Medio, y es verdad, este lugar se remonta a casi 20 años de existencia, donde Mariana Andrade, directora general, menciona que ganaron metros cuadrados al barrio para abrir camino al cine libre e independiente.

 

Por eso, Ocho y Medio constituye un icono del cine arte en Quito. “Venir acá es como entrar a tu casa, es un espíritu movilizador de utopías que se vuelven realidad, es el valor de una idea”, comenta poéticamente Mariana.

 

Para ella, La Floresta finalmente se debate entre lo tradicional y una visión a futuro. El barrio se encamina a convertirse en un polo cultural turístico, siempre y cuando se respete su carácter residencial, “y que nosotros seamos los primeros en proteger esa condición”.

 

Nos cuenta que es posible desarrollar un turismo cultural como en Bilbao o en Montreal con sus festivales de jazz o Medellín con proyectos culturales que fueron transformando la ciudad mediante la gestión turística.

 

Pero aclara que un emprendimiento turístico cultural, debe estar reconocido en las ordenanzas municipales y en los planes de desarrollo de una ciudad. “Somos contenedores y creadores de productos culturales que circulan para un público y turismo definido”, dice Mariana, quien asegura que se debe manejar el diálogo permanente con los residentes para que nadie se sienta afectado.

 

Sin embargo, nos comenta que La Floresta siempre estuvo poblado por artistas. “Es un sector de poetas, músicos e intelectuales, que fue declarado como barrio desde 1917  (antes fue la Hacienda de Las Mercedes)”. Asegura que “hoy toda esa tradición es consecuencia de una construcción social que gira en nuevos emprendimientos o microempresas que convoca el diseño, la vanguardia y el arte”.

 

La Floresta es un lugar diferente, porque explota la contra cultura, se sumerge en la vanguardia y toma de la mano lo alternativo, desde sus calles vistosas e iluminadas con spray de colores, sus escuelas de cine y diseño, su cocina artesanal, sus ferias de reciclaje, los emprendimiento augestionados e innovadores, lo convierten en un barrio vivo único en la capital.

 

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Fuente: Turismo Ecuador
Contacto: Info@destinosdeamerica.com

 

 


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